Figura clave en la conformación de un movimiento de danza en Chile durante la segunda mitad del siglo XX, Patricio Bunster Briceño formó parte de la primera generación de coreógrafos que emergieron al alero del Ballet Nacional Chileno.
El contacto con el surco renovador que en Europa abriera la danza expresionista significó para Bunster dar un salto en la escenificación de su ideario político y convertirse en un precursor de la llamada danza social.
Destacando el uso de composiciones pertenecientes a la llamada Nueva Canción Chilena, a raíz de su estrecha colaboración con el actor y cantautor Víctor Jara.
Las ideas americanistas le otorgaron un sustento significativo a su propuesta y sus trabajos fueron vistos como exponentes de una danza inspirada en fuentes originarias, en contraste con el influjo de la academia, los rígidos códigos del ballet y las corrientes europeas predominantes. Esta valoración de lo autóctono convirtió a Bunster en un referente a nivel iberoamericano, no obstante ser considerado también como el principal maestro del llamado método Leeder en el continente.
A su regreso a Chile, la carrera de Bunster se coronó con La vindicación de la primavera, una versión de la célebre pieza de Igor Stravinsky que invitaba a una lectura política en momentos en que crecía la tensión interna en el país.
A lo largo de sus seis décadas de trabajo, sin descuidar su activismo artístico, Bunster privilegió la labor formativa de bailarines y coreógrafos. Si en los años sesenta abrazó esa tarea desde la Escuela de Danza de la Universidad de Chile, a partir de los ochenta lo hizo desde el Centro de Danza Espiral, siempre con el afán de transmitir su convencimiento de que "la danza puede ser una forma de optimismo que lleva a ver, aún en las cosas más desastrosas, un atisbo de que todo puede mirarse de otro modo", como afirmó un año antes de morir.
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